La selección de Nicaragua avanza de manera silenciosa pero sólida bajo la dirección de Marvin Benard. Más allá de los entrenamientos convencionales, el exjugador de Grandes Ligas ha enfocado su trabajo en fortalecer la mentalidad, la condición física y la versatilidad táctica de un grupo que busca competir sin complejos ante las potencias del béisbol mundial, antes de la llegada del mánager Dusty Baker.
Para Benard, todo empieza por lo psicológico. Romper el respeto excesivo hacia las estrellas de la MLB es clave para competir de tú a tú. “Queremos que los muchachos no vean a los rivales como superestrellas, como si ellos no pertenecieran a ese nivel. Todos estamos en el campo por una razón y, en ese momento, todos somos parejos”, explicó. La idea se refuerza con un mensaje claro: “Hoy todos somos parejos. Sí, aquel está en Grandes Ligas y nosotros aquí en el Pomares, pero en el terreno estamos iguales”.
La preparación física refuerza esa filosofía. El cuerpo técnico se centra en la resistencia y en aspectos biomecánicos para mantener el rendimiento en partidos largos, algo que Benard considera clave por experiencias pasadas. “Hemos tenido muchos juegos que dominamos en los primeros cinco o seis innings y luego se nos escapan”, comentó.
Nicaragua cuenta con peloteros versátiles y lanzadores con perfil de abridor capaces de asumir distintos roles, lo que otorga gran flexibilidad al equipo. “La mayoría de los pitchers aquí son abridores, así que pueden funcionar como relevos largos o cortos; para ellos es lo mismo. Esa es una ventaja que tenemos”, destacó Benard.
De esta manera, Nicaragua consolida una identidad sólida, lista para potenciarse con la llegada de Dusty Baker en febrero.