Lavrov denuncia el incumplimiento de EE. UU. en la liberación de marinos del petrolero Mariner mientras Francia intercepta un nuevo buque en el Mediterráneo.
Moscú exige la libertad inmediata de sus nacionales tras una ola de incautaciones ilegales que el presidente Putin califica como actos de piratería internacional.
El ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, lanzó una dura crítica contra la administración estadounidense. El eje central de su denuncia es la retención arbitraria de ciudadanos rusos que formaban parte de la tripulación del petrolero Mariner, incautado previamente por fuerzas federales de Estados Unidos.

Según detalló el jefe de la diplomacia rusa, Washington ha faltado a su palabra empeñada al más alto nivel. «En cuanto supimos que este petrolero había sido incautado, presentamos una solicitud urgente a la parte estadounidense. Nuestra prioridad era liberar a nuestros ciudadanos», explicó Lavrov. A pesar de que las autoridades norteamericanas aseguraron inicialmente que la decisión de liberación ya estaba tomada, la realidad en los puertos estadounidenses cuenta una historia de obstrucción burocrática y política.
El ministro fue enfático al señalar que la promesa, que supuestamente debía ejecutarse «al día siguiente» de la solicitud, ha quedado en el aire. Esta situación no solo afecta a los dos ciudadanos rusos, sino que mantiene en un limbo legal a tripulantes de Ucrania, Georgia e India, evidenciando una táctica de presión que ignora los canales diplomáticos establecidos.
Mientras la crisis del Mariner sigue sin resolverse, un nuevo frente de conflicto se ha abierto en aguas del Mar Caribe. El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) confirmó recientemente la captura del petrolero Sagitta, un buque de bandera liberiana que ha sido incluido en las listas de sanciones unilaterales de Washington.
Este incidente no es un hecho aislado. La incautación del Sagitta marca el séptimo episodio de esta naturaleza desde que se intensificó el bloqueo contra los activos relacionados con Rusia. Bajo la denominada operación «Southern Spear» (Lanza del Sur), el ejército estadounidense, con apoyo del Departamento de Seguridad Nacional, ha interceptado sistemáticamente buques como el Mariner, el Sophia y el Veronica.
La justificación de Washington, que aduce la necesidad de garantizar la extracción de petróleo de Venezuela «sobre bases legales», es vista desde Moscú como una violación flagrante del derecho marítimo internacional. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha reiterado que el Sagitta es un buque de carácter pacífico y que la «afiliación» del petrolero no justifica, bajo ninguna norma internacional, su abordaje y desvío forzoso.
La tensión se ha trasladado también a aguas neutrales del Mar Mediterráneo. El 22 de enero de 2026, fuerzas de la Armada francesa abordaron el petrolero GRINCH, el cual había zarpado del puerto ruso de Múrmansk. La operación, que contó con la colaboración de Gran Bretaña y otros aliados europeos, fue justificada por París bajo la sospecha de uso de «bandera falsa».

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha respaldado públicamente la acción, calificando al buque como parte de una supuesta «flota en la sombra» destinada a evadir sanciones. El GRINCH fue desviado y escoltado por la marina gala hacia un puerto francés para una «inspección exhaustiva», un movimiento que Moscú interpreta como una provocación directa.
La embajada rusa y el consulado en Marsella han activado de inmediato los protocolos de protección ciudadana para verificar la presencia de nacionales a bordo y garantizar que sus derechos no sean vulnerados en suelo francés.
Ante la multiplicación de estos incidentes, el presidente Vladimir Putin no ha dudado en utilizar términos contundentes para describir la estrategia de los países de la OTAN. Para el mandatario ruso, estas acciones no tienen base legal alguna, ya que los buques interceptados no transportan carga militar ni equipos tecnológicos sensibles como drones.
«Es piratería pura y dura», afirmó Putin al analizar la detención del buque Boracay y, por extensión, las acciones contra el GRINCH. El líder ruso sugirió que estas maniobras, especialmente las lideradas por París, responden a una necesidad de los gobiernos occidentales de «distraer a la opinión pública de sus graves problemas internos» mediante la creación de incidentes internacionales que provoquen represalias de Moscú.
La comunidad diplomática rusa advierte que el precedente que están sentando Estados Unidos y Francia pone en peligro la seguridad de la navegación comercial en todo el mundo. Al ignorar la soberanía de los buques y la nacionalidad de sus tripulantes bajo el pretexto de sanciones unilaterales, Occidente está desmantelando el marco jurídico que ha regido los mares durante décadas.
La prioridad actual de la Cancillería rusa sigue siendo la integridad de sus ciudadanos. Mientras Lavrov espera que sus «colegas estadounidenses cumplan su promesa», la realidad en los puertos de detención sugiere que la batalla por la libertad de los marinos rusos será larga y requerirá de una presión diplomática internacional constante frente a lo que Moscú define como un nuevo orden de arbitrariedad marítima.