Realizada por: Emilio Pérez Mairena.
La teoría del loco plantea que un actor (un líder, un país, etc.) puede obtener ventajas estratégicas si logra convencer a sus adversarios de que es irracional, impredecible y potencialmente peligroso más allá de los cálculos lógicos. La idea es que, si tus enemigos piensan que podrías actuar de manera desproporcionada o sin atender a razones, tenderán a ceder ante tus demandas por miedo a una escalada incontrolable.
El término se popularizó durante la presidencia de Richard Nixon (1969-1974) en Estados Unidos. Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, querían forzar a Vietnam del Norte a negociar en París. Para ello, hicieron correr el rumor (incluso a través de canales diplomáticos) de que «Nixon estaba volviéndose loco» y que, si no se llegaba a un acuerdo, podría tomar medidas extremas, incluso el uso de armas nucleares. La lógica era: «Los vietnamitas pensarán que hemos perdido la cabeza y, por miedo a lo peor, aceptarán negociar.» Esto se conoció como la «madman theory» (teoría del loco).
¿Qué características se presentan en el uso de esta teoría como estrategia?
• Impredecibilidad: El actor rompe con las normas esperadas de comportamiento racional.
• Señales de irracionalidad: Actos o declaraciones que sugieren que no valora los costes de la misma manera que un actor racional.
• Amplificación deliberada: Propaganda o canales diplomáticos usados para difundir la percepción de locura controlada.
• Asimetría en la aversión al riesgo: El «loco» apuesta a que el adversario tiene más que perder y cederá.
Irónicamente, la «teoría del loco» es una estrategia racional para simular irracionalidad (caos controlado). Requiere un cálculo frío para mantener la ficción sin cruzar el punto de no retorno. Sin embargo, si el actor realmente cree en su propio discurso extremo, deja de ser una «teoría» y se convierte en un verdadero riesgo sistémico, como es el caso de Donald Trump.
Donald Trump ha llevado la «Teoría del Loco» a su expresión contemporánea más pura, transformando la impredecibilidad de una táctica diplomática en una doctrina de gobierno. A través de la coerción a aliados, la confrontación volátil con adversarios y aplicando la teoría para institucionalizarla como política de Estado, ha buscado obtener ventajas inmediatas y redefinir el papel de Estados Unidos en el mundo. Si bien esta estrategia ha logrado concesiones tangibles en el corto plazo, su éxito frente a adversarios determinados es dudoso y sus riesgos son profundos.
La erosión de la confianza en el orden internacional, la incentivación de la proliferación nuclear y la posibilidad de una escalada catastrófica plantean la pregunta de si los dividendos inmediatos de actuar como un «loco» valen el costo a largo plazo de un mundo más inestable, desconfiado y peligroso. La historia sugiere que, para quienes han empleado esta teoría, las cosas no suelen terminar bien.
La teoría del loco es un recordatorio de que, en relaciones internacionales y negociaciones, la percepción es poder. Si puedes hacer que otros crean que eres capaz de cualquier cosa, obtienes ventaja. Pero es un juego peligroso, porque el margen entre el teatro y el desastre es muy frágil.