Qué placer más raro tenemos los nicas al probar una tajada de mango con buena sal, limón, vinagre y ese toque de chile que nos retuerce la lengua, la garganta y hasta el estómago.
Es una combinación de ácido que puede parecer un reto de resistencia para algunos, pero para nosotros es un placer culposo al que no podemos resistirnos. No importa si sabemos que luego nos arderá la boca o que terminaremos con acidez estomacal; el ácido nos llama, nos atrapa y nos hace salivar con solo pensar en él.
No por nada, estos sabores han trascendido del simple antojo casero a convertirse en fuente de ingreso para muchos vendedores ambulantes. Basta con dar una vuelta por los semáforos de Managua o por los parques y mercados de otros departamentos para encontrar bolsitas de mango, jocotes o grosellas listas para ser devoradas.
La ciencia nos da pistas. Los alimentos ácidos activan nuestras papilas gustativas y provocan una respuesta de salivación intensa. Es como un choque eléctrico para nuestro paladar que, en lugar de alejarnos, nos engancha más.
Además, el toque de chile genera una leve sensación de ardor que libera endorfinas; dándonos una especie de subidón de placer.
Pero no es solo biología; también hay un factor cultural. Desde pequeños, estamos acostumbrados a ver a nuestras abuelas o madres preparando mangos con sal o recogiendo jocotes del árbol para hacerlos en vinagre. Es un gusto que se hereda y que se convierte en parte de nuestra identidad gastronómica. El ácido nos persigue.



Como todo en la vida, el equilibrio es clave. Comer frutas ácidas con sal, vinagre y chile puede tener beneficios, ya que son ricas en vitamina C y antioxidantes; lo que fortalece el sistema inmunológico.
Sin embargo, el exceso de acidez puede causar irritación en la mucosa gástrica, empeorar problemas como la gastritis o el reflujo y, en combinación con la sal, aumentar el riesgo de presión arterial alta. Lo ideal es disfrutar estos sabores con moderación y siempre escuchar a nuestro cuerpo.
Te puede interesar leer: Celebración del Día de las Artes y Cultura Popular en Nicaragua
Aunque esta obsesión del ácido es parte del ADN nica todo el año, es en verano cuando más la disfrutamos. El calor hace que estos sabores sean aún más refrescantes y tentadores. En las playas, en las calles, en cualquier esquina, alguien está vendiendo o comiendo mango verde con sal y limón; convirtiéndolo en un infaltable del calor nicaragüense.
Así que la próxima vez que sintás ese antojo de algo ácido, recordá que no es solo una simple manía gastronómica: es un reflejo de nuestra cultura, de nuestra herencia y de ese gusto inexplicable por los sabores que nos hacen retorcernos… pero con una sonrisa de satisfacción.